• Facebook - círculo blanco
  • Instagram - Círculo Blanco
  • YouTube - círculo blanco

Suscríbase a Nuestro Boletín

Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

© 2020 Diálogos sobre el Bienestar. Derechos Reservados.

Del clima y otros demonios…

Compromisos adquiridos por Costa Rica con la firma del Acuerdo de País implican ejecución de acciones prioritarias, que permitan establecer modelos de desarrollo amigables con el ambiente


Por Raquel Gómez Ramírez

Coordinadora de Proyectos

Centro Científico Tropical

Con la celebración de los 198 años de vida independiente, trascendió en el mes de setiembre que Costa Rica recibiría el premio de la ONU “Campeones de la Tierra 2019”, gracias a su compromiso político en la lucha contra el cambio climático. Y es que, en los últimos años, el país da pasos importantes para abordar los retos e impactos de este problema complejo con la creación de múltiples herramientas de política pública, entre ellas el Plan de Descarbonización.


Pero el cambio climático no es un tema ambiental, sino un asunto de cómo concebimos el desarrollo, cuáles son los motores de ese desarrollo y sus implicaciones no sólo económicas sino también ambientales y sociales, las cuales definen nuestro mundo actual y futuro.


Esta no es la primera vez que Costa Rica reconoce la necesidad de transformar su modelo de desarrollo.  Ante la pérdida de más del 50% de su cobertura boscosa debido a la expansión ganadera de mediados del siglo XX, y en medio de una fuerte crisis económica y social, el país aprovecha la coyuntura de finales de los 80 y otorga un valor diferente a la biodiversidad apostando a un nuevo modelo de desarrollo basado en el ecoturismo.  


Así, la conservación de los ecosistemas como capital natural se traduce en la consolidación de un sistema de áreas de conservación (SINAC), el fortalecimiento de iniciativas de conservación privada y posteriormente en el establecimiento de los corredores biológicos.


Lo anterior no se gesta en forma aislada del contexto mundial.  En 1992 se firma la Declaración de Río para el desarrollo sostenible, y alrededor de esta se adoptan el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CBD) y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que Costa Rica ratifica en 1994.  


Estos instrumentos reconocen la urgencia de integrar variables socioambientales al concepto de crecimiento económico que había prevalecido por siglos.  Así, se inicia un largo proceso para crear las herramientas de política pública que establecerían los lineamientos para el cumplimiento de estos convenios.


Resultados


Para finales del siglo XIX, se establece el Pago por Servicios Ambientales, que compensa a propietarios de tierras por la conservación del bosque y el recurso hídrico, entre otros.  Esto contribuyó significativamente a reducir la tasa de deforestación en Costa Rica de una de las más altas del mundo a una deforestación negativa neta a comienzos del decenio de 2000.  


Para el 2017, las áreas silvestres protegidas terrestres suman ya el 25% del territorio nacional y se contabilizan más de 91.000 ha. conservadas bajo la Red de Reservas Privadas de Costa Rica. El Programa Nacional de Corredores Biológicos como estrategia de conservación de la biodiversidad y desarrollo territorial sostenible, en el 2019 contabiliza 44 corredores que abarcan el 32% del territorio, y algunos nuevos corredores se diseñan bajo el concepto de refugios climáticos.


En el tema de mitigación, se crea el Programa País Carbono Neutralidad, con más de 100 organizaciones que en el 2017 habían reducido cerca de 100.000 ton. CO2e y compensado y/o removido cerca de 200.000 ton. CO2e.  En ese año se incluye la categoría Cantonal, donde hoy participan 20 municipalidades.


Además, se desarrollan acciones de mitigación apropiadas a nivel nacional – NAMAs- principalmente para el sector agrícola y residuos.  Se crea también la Estrategia Nacional REDD+, el Plan Nacional de Energía y más recientemente el Plan de Descarbonización.


En el tema de adaptación se desarrollan iniciativas de infraestructura resiliente, la Estrategia de Adaptación del Sector Biodiversidad y su plan de acción, y la elaboración de la Política Nacional de Adaptación.  


Se suman a estos la Política y el Plan de Gestión del Riesgo, cuyo objetivo es disminuir la vulnerabilidad y aumentar resiliencia de los territorios.  Actualmente, se desarrolla el Sistema Nacional de Métricas de Cambio Climático (SINAMECC), que permitirá registrar los resultados de la implementación de estas políticas.


Un nuevo modelo de desarrollo


Indudablemente, los efectos de la variabilidad climática que experimentamos hoy día nos obligan a repensar el paradigma del crecimiento económico.  En un escenario donde la distribución de los beneficios de este crecimiento no es equitativa, donde el cambio climático nos afecta de forma diferenciada, y donde hemos sobrepasado la capacidad de los sistemas que soportan la vida en el planeta, es necesario creer que es posible construir un futuro ambientalmente seguro y socialmente justo, dentro de los límites planetarios y sociales, donde la humanidad puede prosperar.  Esta parece ser la apuesta detrás de la política climática del país.


En sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs, en inglés), que son los compromisos adquiridos por Costa Rica en el Acuerdo de París, nuestro país le apuesta a tres líneas de acción: ciudades resilientes al clima, economía azul (mares y costas) y soluciones basadas en la naturaleza, este último aprovechando la inversión que hemos hecho por décadas en nuestro capital natural.  


Así, las acciones del gobierno actual están orientadas a establecer el paquete de políticas y los mecanismos que faciliten la acción climática en estas líneas.


En resonancia con lo anterior, el Foro PRECOP25 que se celebrará en octubre en nuestro país girará alrededor de estos temas.  Los diálogos paralelos a las negociaciones tendrán además ejes temáticos transversales como la participación de la sociedad civil en la acción climática, la perspectiva de género y los derechos humanos, y el financiamiento climático.  Se espera que las discusiones en este foro sean un llamado a la acción y al aumento de la ambición de los países, a partir del liderazgo climático asumido por Costa Rica.


Este camino hacia la Costa Rica que queremos enfrenta varios retos.  El primero es desarrollar las capacidades para prever y controlar los impactos negativos del uso de los recursos.  Los avances en la creación de normativa no son suficientes si no se logran disminuir efectivamente los impactos negativos de esos usos y hacerlos realmente sostenibles.  


El segundo reto es la optimización de la gestión pública y la inversión que garantice la sostenibilidad de las medidas.  Y finalmente, el fortalecimiento de las instituciones que cuidan nuestro capital natural de manera que cuenten con las herramientas necesarias para traducir el discurso ambiental en medidas concretas y efectivas.