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Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

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¿Cómo discernir la verdad de la mentira?

Un estudio revela que los efectos de la divulgación de noticias falsas pueden ir desde el daño en la reputación de terceras personas hasta la pérdida de credibilidad. La penetración de redes sociales contribuye a la viralización de las fake news.

Por Lorna Chacón


Un privado de libertad fue asesinado por filtrar un vídeo donde se observa a varios de sus compañeros llamando por teléfono a personas para estafarlas. El Gobierno de Costa Rica aumentará la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) de un 13% a un 16%. Muere trailero tras ser atropellado en una manifestación sindical. Refugiados nicaragüenses reciben un salario por venirse a vivir a Costa Rica.


Todos los hechos citados anteriormente son absolutamente falsos, pero circularon semanas atrás en diversas plataformas y redes sociales en Costa Rica y es posible que, algunos de los lectores de este artículo los hayan leído o, incluso, reproducido en sus propios perfiles.


En el año 2017, la palabra Fake News (Noticias Falsas) fue declarada “palabra del año” por el prestigioso diccionario de Oxford, debido a que su uso por parte de las personas se incrementó en un 365%.

Las noticias falsas existen desde tiempos inmemoriales, desde los panfletos anónimos, hasta el chisme o el rumor. Sin embargo, con la aparición de las redes sociales su consumo ha ido en un aumento exponencial, ya que cada vez más las personas se informan por medio de las redes sociales y ya no tanto por los medios de comunicación tradicionales.


De acuerdo con el capítulo del investigador Aaron Mena publicado en el Décimo Informe del Programa Sociedad de la Información (PROSIC), el 50,8% de los costarricenses lee noticias a través de Internet, y, en el caso de las redes sociales, este consumo se incrementó de un 37,8% en el 2013 a un 52,6% en el 2015, siendo Facebook la red más popular para consumir noticias. Estas cifras continúan en aumento.


Estos son los medios más utilizados por los costarricenses para informarse según el Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP), publicado en el décimo informe "Hacia una sociedad de la información y el conocimiento" del Programa Sociedad de la Información (Prosic). Gráfico: Sofía Arce.


Por su parte, un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), liderado por Soroush Vosoughi, publicó un estudio en la revista Science según el cual “las noticias falsas se propagan más rápido y llegan a muchas más personas que la verdad”.


De acuerdo con este estudio, en la red social Twitter las noticias falsas que más se difunden son sobre política, seguidas de leyendas urbanas, negocios, turismo y guerra, así como ciencia y tecnología, entre otras temáticas.


Fuente: Diario El País. Gráfico: Sofía Arce


Pero, ¿cuáles son los efectos de una noticia falsa? Según una investigación realizada por la consultora española Estudio de Comunicación, las personas creen que el mayor perjuicio de una Fake News es de reputación, tanto organizacional (85,5%), como personal (66,2%) así como pérdidas económicas (39,9%) y sufrimiento (37,9%).


Los entrevistados creen que las noticias falsas se difunden “para perjudicar la imagen y la reputación de personas u organizaciones” (88%) y “porque quien las genera cree que puede sacar un beneficio personal o para el colectivo al que pertenece" (75,8 %). En este contexto, los posibles impactos sociales que se generan al difundir noticias falsas son varios y complejos. En primera instancia, las noticias falsas pueden inducir al error en la ciudadanía para tomar una decisión o bien para implementar una acción.


Si un ciudadano se informa sobre una situación que considera injusta o violenta, podría tomar una decisión basado en una premisa completamente falsa. Además, en el contexto de las campañas electorales, las noticias falsas pueden influir -y lo han hecho- de manera muy fuerte en la decisión de los electores indecisos.


Por otro lado, las noticias falsas también constituyen un negocio, ya que hay personas y robots que se dedican a viralizar este tipo de contenidos para obtener ganancias por medio del número de “clicks” alcanzados o bien de las consecuencias obtenidas como, por ejemplo, ganar una elección.


Ahora bien, ¿qué podemos hacer los ciudadanos para enfrentar esta pandemia? ¿Cómo podemos discernir la verdad de la mentira?


Considero que la capacidad de discernimiento de un ciudadano está en su “malicia”; es decir, en no dar por sentado que una noticia es real a pesar de aparente serlo. Una persona bien informada debe buscar fuentes de información prestigiosas y continuar informándose a través de medios de comunicación formales y profesionales cuyo valor agregado es la credibilidad.


Si bien en casi imposible regular la difusión y producción de noticias falsas, pues se vinculan con conceptos como libertad de expresión y derecho a la comunicación, en otras partes del mundo y en Costa Rica han surgido iniciativas interesantes como “#NoComaCuento” en el Grupo Nación o “#DobleCheck” en la Universidad de Costa Rica, con el fin de desmentir noticias falsas que circulan en redes sociales y así ayudar al ciudadano a discernir entre lo que es cierto y lo que no.


Aquí, sin duda, entra en juego el papel de los medios y de los profesionales en comunicación, quienes tienen la obligación ética de ofrecer a la ciudadanía información veraz y equilibrada para la toma de decisiones como parte del servicio público que brindan.


Pero las audiencias también tienen otro derecho y otra obligación: exigir información de calidad a sus fuentes de información. El poder de las audiencias es muy grande, pero estas aún se manifiestan de manera relativamente pasiva, pues tienen en sus manos la posibilidad de llamar a cuentas a quienes reproducen informaciones falsas o tendenciosas.


Como ejemplo, en Costa Rica en el año 2013, la expresidenta Laura Chinchilla (2010-2014) demandó a un empresario por difamación debido a una publicación que hizo en la red social Facebook en la que aseguró que la ex mandataria “compró terrenos valorados en millones de dólares" en Nicoya, Guanacaste. Finalmente, las partes llegaron a un arreglo extrajudicial.


Este antecedente sirve de punta de lanza para lanzarle un reto a los ciudadanos: ¿Podrían dejar de consumir y reproducir contenidos sin verificar su veracidad y evolucionar a ser verdaderos protagonistas de la información que consumen y exigir su calidad y transparencia? ¿Pueden transformarse en audiencias más exigentes que no se conforman con cualquier tipo de información? En nuestras manos está hacerlo.