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Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

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Ecosistemas alternativos de información, el verdadero enemigo

Movimientos conservadores usan el recurso de las noticias falsas como herramienta para promover la desinformación. Las mismas van desde un rango en temáticas de Salud Pública hasta problemas sociopolíticos; ocasionando en última instancia oposición contra los Derechos Humanos.

Por Hazel Feigenblatt


Ilustración: Sofía Arce

La oposición a las vacunas que empezó a observarse en Costa Rica en meses recientes tomó por sorpresa a muchos. Aunque las teorías de conspiración contra las vacunas han causado revuelo en otros países, en Costa Rica por décadas las campañas de salud han educado a las familias para tomar decisiones con base en consejo médico, no en caricaturas o videos de redes sociales.


Eso no impidió que las noticias falsas contra las vacunas empezaran a circular en el país y que algunas familias llegaran al extremo de tomar acciones legales (fallidas) para impedir que sus hijas fueran vacunadas contra el papiloma. Las razones que los anti-vacunas daban en redes sociales iban desde ocurrencias risibles (como que la vacuna haría que las niñas empezaran a tener relaciones sexuales), hasta excusas sin fundamento (como que no se informó sobre supuestos riesgos originados en teorías de conspiración internacionales).


¿Cómo pudieron las noticias falsas influenciar a estas personas de forma tan rápida? La respuesta empieza por el hecho de que las noticias falsas son apenas la punta del iceberg.


Bajo la Punta del Iceberg


Debajo de ellas, hay ecosistemas alternativos de información que se han venido construyendo en años recientes. Ciertos segmentos de la población se han acostumbrado a confiar en ellos y, a la vez, a desconfiar de las fuentes informativas utilizadas por la mayoría de la población (gobierno, academia, prensa).


Las razones del surgimiento de estos ecosistemas son muchas y varían de país en país, pero diversos estudios académicos muestran algunos patrones comunes. Uno de ellos es la resistencia de las comunidades religiosas más fundamentalistas al avance de la ciencia, los derechos humanos y la democracia secular en las últimas décadas.


La respuesta de estos grupos religiosos ha sido construir redes informativas que van más allá de sus iglesias y abarcan universidades, escuelas, cadenas de televisión, sitios web, partidos políticos, etc. Es decir, han construido una burbuja informativa – en línea y fuera de ella – en la que crean su propia información, siempre ajustada a sus creencias religiosas.


Así, mientras las escuelas públicas enseñan la evolución, las religiosas enseñan creacionismo y, mientras la democracia avanza hacia los derechos humanos, estos grupos intentan usar las leyes para obligar a los demás a vivir según las reglas de sus iglesias.


La explosión de tecnologías informativas en los últimos años les ha ayudado a ampliar esta contra-infraestructura informativa. Y esta, a su vez, ha servido como punto de inicio para que actores políticos, desde grupos de extrema derecha hasta gobiernos como Rusia o Irán, viralicen sus propios contenidos y amplíen estos ecosistemas alternativos.


Estas audiencias religiosas resultan fáciles de manipular para otros grupos debido a su costumbre de creer en información alternativa a la vez que rechazan la información oficial que la contradiga. Además, algunas creencias cristianas (que pueden variar por región) tienen puntos de coincidencia natural con grupos de extrema de derecha, los cuales creen en la subordinación de ciertos grupos sociales.


Esto explica, por ejemplo, por qué es común ver en redes sociales cristianas – sea en Costa Rica, Estados Unidos o Europa – una mezcla de contenidos no solo falsos sino además xenófobos, racistas, machistas, nacionalistas, etc.


Estos suelen ser promovidos por:

a) grupos de extrema derecha

b) políticos populistas que basan sus campañas en la división social, y/o

c) gobiernos extranjeros que buscan exacerbar divisiones internas en otros países.


A estas audiencias se suma una cantidad significativa de personas que creen y/o comparten noticias falsas creyendo que son ciertas, y otras que empiezan a ver en esas narrativas divisorias una forma de canalizar frustraciones económicas, desencanto político y desconfianza hacia la prensa.


Los algoritmos de plataformas tecnológicas como Google y Facebook empeoran el problema al dar prominencia a la información falsa y sus dueños se muestran reticentes a tomar medidas efectivas. En este contexto, es fácil entender por qué las noticias falsas se han popularizado.

Consecuencias Reales


Las consecuencias, como hemos visto en numerosos países, van allá de los contenidos falsos que estas personas comparten en línea. Las noticias falsas y los ecosistemas alternativos que los mueven pueden agudizar la polarización política, reducir la confianza en las instituciones democráticas, influenciar procesos electorales o crear el ambiente propicio para eliminar libertades constitucionales básicas.


De momento, es evidente que no existe una solución y cualquier intento de solución debe considerar las características únicas del sistema mediático y político de cada país.


En el caso de Costa Rica, sería de esperarse que conforme se acerquen las próximas elecciones, el volumen de noticias falsas se multiplique por parte de actores nacionales trabajando desde la oscuridad del anonimato y posiblemente también desde el extranjero – desde grupos conservadores de la región que quieren decir a los costarricenses cómo votar, hasta las “brisas bolivarianas” de desestabilización a las que ha hecho referencia la Organización de Estados Americanos (OEA).


El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) puede jugar un rol más activo como moderador para garantizar una discusión que haga justicia al tipo de debate democrático sobre el que descansa la democracia. El llamado reciente del TSE para que las elecciones de alcaldías se enfoquen en temas municipales es un buen paso en esa dirección (aunque ya una diputada religiosa anunció que no respetará el llamado del TSE).


Por su parte, la prensa puede hacer mucho bien poniendo en evidencia no solo las noticias falsas y, cuando se pueda, a quienes las promueven, sino también las falsedades difundidas en discursos políticos y eslóganes de campaña. Tanto autoridades electorales como prensa también harían bien en conocer si en algunas iglesias se da información falsa. Desmentir información falsa puede ayudar, pero también puede fallar si figuras religiosas la repiten sistemáticamente.


Sin embargo, la prensa también puede empeorar la situación, por ejemplo, si sigue dando un mayor despliegue a las voces más divisorias o si ayuda a “lavar” las noticias falsas, como ocurre cuando cubre (sin desmentir) información falsa dada por ciertas fuentes.


Quizá quienes están en posición de hacer más son los líderes políticos. Lamentablemente, la experiencia hasta ahora sugiere que los partidos tradicionales y algunos nuevos están optando por hacer eco de la retórica divisoria introducida por los partidos religiosos. Esto crea el riesgo de alejar al votante moderado y, con ello, dar mayor peso proporcional al votante extremista con el que los religiosos siempre llevarán ventaja.


Liderar un debate de propuestas conectado con las principales preocupaciones de la población, como son los problemas económicos y de seguridad, sería una opción responsable y atractiva para muchos votantes cansados de una agenda política tóxica que ha demostrado una gran incapacidad de resolver problemas.