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Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

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Emergencia climática en el acontecer nacional: Puntos para la discusión ciudadana

-Discurso e imagen internacional de Costa Rica como “país verde amigable con el ambiente” se contrapone a la realidad que se vive a nivel social y de ejecución de políticas públicas.

-Derechos humanos se han visto violentados en dicho proceso


Por Marco Andrés Mora Pérez

Clark University, Massachusetts

Un par de décadas atrás se manejaba el discurso erróneo que los recursos naturales eran infinitos; y en donde la (sobre) explotación de los mismos no formaba parte de las discusiones sociales, económicas, culturales y políticas a nivel global. Como resultado, modelos capitalistas de desarrollo han establecido como principal camino al crecimiento ¨sostenido y sostenible¨ la colonización y el uso desenfrenado de ecosistemas terrestres y marinos.


La tala acelerada de bosques tropicales para la producción agropecuaria, la extracción de minerales y piedras preciosas o la construcción de mega-represas hidroeléctricas; así como el desplazamiento de pueblos originarios, la violación de derechos humanos y ambientales e incluso, los asesinatos de defensores ambientales empezaron a formar parte de la cotidianeidad en países de América Latina, África y Asia


Dichas actividades han favorecido la producción de gases de efecto invernadero (GEI) que han acelerado (y lo siguen haciendo) desmedidamente procesos como el calentamiento global, derretimiento de los polos, la extinción de glaciares, o los conocidos puntos de inflexión del cambio climático, palabra que ha empezado a ser sustituida en las discusiones académicas y profesionales por emergencia climática.


El cambio en el clima ha existido desde la creación del planeta Tierra, sin embargo, las acciones de la especie humana mayormente en la época industrial. Dichas situaciones han llevado a la mayor parte de la comunidad científica climática a consensuar (97-98% de la misma) que las temperaturas globales están en aumento y posicionando al ser humano como uno de sus principales causantes, esto según una serie de estudios publicados en la revista Nature and Nature Geoscience.


En agosto de 2019, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) publicó un reporte especial sobre cambio climático, desertificación, degradación de la tierra, gestión sostenible de la tierra, seguridad alimentaria y flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres (IPCC, 2019).


Este hizo el llamado a la modificación de las prácticas agropecuarias a nivel global, adoptando medidas de adaptación y mitigación en la producción de cultivos, uso del agua, tala de bosques, cambios en los patrones alimenticios de las poblaciones, la creación de capacidades institucionales y comunales, entre otras.


Acciones que en cierta medida han sido promovidas por entidades públicas, privadas y no gubernamentales en Costa Rica, pero generalmente con un componente económico en términos de protección a las finanzas públicas y reducción de las externalidades causadas por la emergencia climática.


Debemos recordar que Costa Rica es generalmente citado como un país emblemático en la lucha por la creación de estrategias, políticas o programas que defienden la protección del ambiente o por sus estándares ambientales progresistas, tal como la producción de energía limpia, el plan para alcanzar la Carbono Neutralidad propuesto por el expresidente Oscar Arias (2007); el plan propuesto en 2019 por el presidente Carlos Alvarado para eliminar el uso de combustibles fósiles para el 2050, o la declaración de la Zona Protectora Miravalles en Junio de 2019, como el parque nacional 29 del país.


Una de las preguntas claves es ¿Dónde queda el enfoque de los derechos humanos desde una perspectiva ambiental? Porque cambios en las temperaturas, en la calidad del aire, o en la disposición de recursos hídricos trae consigo impactos directos sobre el acceso a servicios sociales básicos como la salud, el entretenimiento, a la vida, entre otros. ¿En qué deberíamos enfocarnos más en Costa Rica en términos de emergencia climática y derechos humanos? Para responder estas preguntas tendríamos que crear todo un compendio de documentos e informes al respecto.


A pesar de ello, uno de los temas claves es el cómo la academia, medios de comunicación y la comunidad científica climática transmite, aborda y comunican las causantes y consecuencias de los aumentos acelerados en la temperatura global. Katharine Anne Scott Hayhoe, de la Universidad Tecnológica de Texas ha señalado en reiteradas ocasiones que la mejor forma de transmitir el mensaje del por qué es importante como humanidad el actuar para reducir los efectos adversos de la emergencia climática, es mediante el uso de ejemplos claros y simples en cómo nos veremos afectados.


Por ejemplo, no plantear discursos políticos cargados de evidencias científicas, datos y modelos climáticos; si no por el contrario dialogar sobre el derretimiento constante de los polos trae consigo el aumento del nivel el mar, lo cual ocasiona inundaciones más frecuentes en zonas costeras del país, lo cual traerá consigo procesos migratorios forzosos de quienes habitan dichas áreas.


Los reportes, modelos, proyecciones y datos científicos deben ser dejados de lado para políticos y tomadores de decisiones. A la ciudadanía se le debe de hablar con un lenguaje sencillo y claro, pero que logre transmitir el mensaje de la urgente necesidad de cambiar prácticas, de mitigar y adaptarse a la emergencia climática.


Otro punto que como país tenemos que resolver es la desconexión entre discursos y acción.

Seguimos manteniendo puntos de inflexión entre desarrollo económico, el discurso de ser un “país verde” y el respecto a los derechos humanos de diversas poblaciones. Desde la década de los ochenta, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) apeló a la construcción del mega proyecto hidroeléctrico Diquís como una de las principales estrategias para la producción de energía “limpia” y para mitigar el cambio climático; proyecto que tuvo pérdidas millonarias y que violentó derechos humanos indígenas, territoriales y ambientales protegidos por acuerdos y tratados internacionales firmados y ratificados por Costa Rica.


Hace un par de semanas, Carlos Alvarado presentó un plan para eliminar el uso de combustibles fósiles para el 2050, aspirando con ellos nuevamente a convertir a Costa Rica en uno de los primeros países a nivel global en lograr la Carbono Neutralidad. Pero, ¿Para cuándo? ¿Cómo se transmite, desde el Gobierno, el mensaje de la urgente necesidad de modificar prácticas de producción y patrones de comportamiento que cuiden el ambiente?


Otro punto importante por abordar es el dejar de lado la percepción de Costa Rica como esa “isla” que no se verá impactada por la emergencia climática por sus abundantes recursos acuíferos o por sus pobladas selvas tropicales ¿Cómo ligamos el derretimiento del hielo en Ártico, a 7456 km de Costa Rica, con el aumento del nivel del mar en el Caribe o con sequías más intensas en el Pacífico Norte? Es fundamental estar anuentes de los impactos que tendrá un aumento global de las temperaturas a 1.5 °C y ser conscientes que debemos tomar acciones para reducir la producción de GEI, la importancia conservar bosques tropicales o de buscar fuentes de energía limpias.


En síntesis, para lograr vencer los nuevos retos planteados por la emergencia climática, para concretar estrategias de adaptación y mitigación sostenibles, y para lograr abrazar la lucha del calentamiento global como país, debemos buscar canales de comunicación claros, sencillos y que transmitan información del porqué todos somos responsables y actores claves para frenar dicho fenómeno mundial.


No enfocarnos en buscar culpables, pero si generar programas y políticas que permitan a la ciudadanía tener ese papel protagónico en el accionar nacional. Como país, no estaremos avanzando con planes ambientales progresistas si estamos fallando temas de comunicación ambiental, de protección de derechos humanos, o de crear procesos más participativos.


El ligar la emergencia climática con externalidades negativas, sigue siendo uno de los mayores obstáculos para lograr una acción colectiva que realmente genere impactos concretos y sostenibles en términos ambientales.