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Las mujeres sí podemos y debemos atravernos

Menos de un 15% de las Alcaldías a nivel nacional fueron ocupadas por mujeres en el período 2016-2020

Por Siany Villalobos Argüello

Respaldadas en el plano jurídico, en el ordenamiento interno existente en Costa Rica y en una serie de normas jurídicas que promueven la participación de las mujeres, la participación por género está enunciada en el artículo segundo del Código Electoral como un principio, como un eje que informa todo el ordenamiento electoral y que debe operar como idea central en lo que se refiere a la interpretación y aplicación de las leyes, reglamentos, directrices y estatutos que se ocupan de la temática electoral.


El Código Electoral , obligó a las agrupaciones políticas a incluir en los estatutos y normas específicas alternativas para representar la equidad de género en la conformación de las papeletas de elección popular y a diseñar mecanismos para asegurar la igualdad de las mujeres, la tutela contra su discriminación y la paridad en cada una de las nóminas de elección popular y dispositivos de alternancia de hombres y mujeres cuando se participa en un proceso electoral.


El artículo 146 de dicho Código es una norma práctica que opera como una salvaguarda en contra de las omisiones de los partidos en la postulación de cargos, impide la presentación de nóminas que no respeten la paridad de género y la alternancia.


Pero lo que se plantea en nuestro plano jurídico no se traduce en la práctica política, las mujeres continuamos relegadas, minusvaloradas, descalificadas y en ocasiones objeto de persecución.


Acercar la norma jurídica, el discurso y la realidad nos obliga como mujeres a la reflexión, al debate y al convencimiento que se genera por el número y el valor de nuestros votos, la presencia, la denuncia y la acción en las estructuras y campañas partidistas.


El término convencer, puede que no guste a muchos (as) porque los derechos son inherentes a la persona, pero la pregunta es ¿por qué no están? La respuesta no es muy difícil, puesto que la causa principal es nuestra cultura patriarcal, sobre la que se trabaja hace varias décadas, pero aún nos encontramos en un proceso de educación e incluso de re-educación para los más grandes y solo con convencimiento lo estaremos logrando.


¿Paridad Horizontal?


Las costarricenses, y, sobre todo, las mujeres municipalistas, deberíamos estar celebrando con bombos y platillos el tema de la paridad horizontal; sin embargo, debemos contemplar una dosis de paciencia, pues debemos esperar al 2024, según resolución del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).


En esta ocasión, se toma la decisión de solamente verificar las nóminas en términos de paridad vertical; dado a la conformación propia de las mismas (número impar), empero en dicha resolución donde se interpretan artículos 2, 52 y 148 del Código Electoral no solamente se establece este tema como una problemática legal sino también como acceso a los Derechos Humanos.


Cabe mencionar en este punto que se debe considerar a futuro la diferencia entre las cuotas con respecto a la alternancia (entre mujeres y hombres) así como la paridad vertical y horizontal. Empero, es hecho conocido como lo indica el TSE en esta resolución, “para los comicios del 2016 y, por libre voluntad partidaria, favoreció a los varones (al existir una libre determinación partidaria para decidir el sexo de los encabezamientos)...”


Esperábamos la re afirmación de los derechos políticos de las mujeres, pero no, pareciera que esos derechos son circunstanciales: se aplicarán hasta 2024. Es decir, no son inherentes, tienen plazo y peor aún, marcan excepciones según dicta dicha resolución. ¿Quién ha visto que los derechos humanos tienen excepciones?, ¿será posible que a una mujer se le reconozcan sus derechos dependiendo del partido político en que se encuentre y a otras no?


Los derechos de las mujeres deben ser respetados por los partidos políticos en las elecciones municipales y de no ser así, deberán asumir las consecuencias establecidas en las normas cuando se violentan. No podemos continuar con actos de discriminación sustentados en ocurrencias, presunciones de derecho y en resoluciones que atrasan la obtención de justicia, equidad, igualdad y ajuste a una realidad política que puede llegar a aplastarnos.


Descalificación y poca participación


Para las mujeres que participamos en política las cosas no son fáciles, la descalificación siempre ha sido nuestro peor enemigo. Solo basta con recordar cuándo iniciamos el proceso de cambio con acciones afirmativas, por ejemplo: la alternancia de género.


Entonces no era de extrañar frases expresadas por hombres como: “mejor nos ponemos enaguas y nos inscribimos” o que se debería rellenar espacios con mujeres tranquilas, sumisas, jamás con mujeres “locas”, porque es común llamar así a las mujeres con ideas, criterios y con carácter para defenderlos.


La resolución emitida por el TSE y la posición de algunos partidos políticos dejan un sin sabor y minimiza la esperanza de encontrar más mujeres en la toma de decisiones, más regidoras propietarias, más alcaldesas propietarias, donde históricamente hemos estado con muy poca representación.


En la última elección 2016-2020 solamente se eligieron 12 alcaldesas, es decir un 14,8% del total de alcaldías a nivel nacional;y poco más parasíndicas propietarias, pues solamente se eligieron un 27,2%. La mayor participación de mujeres municipalistas las encontramos en las suplencias, tanto en las vicepresidencias de los Concejos Municipales como en las vice alcaldías con un 87%, porcentajes que se lograron por la exigencia de alternancia.


Con los resultados anteriormente expuestos de las últimas elecciones locales, las mujeres municipalistas debemos tomar la decisión de participar con mayor fuerza en puestos de elección popular, en posición de propietarias, pues es nuestro derecho y las normas nos respaldan. Tener representación paritaria es todo un reto, un desafío de hombres y mujeres.


Las mujeres debemos dejar de auto limitarnos, dejar el paradigma de que es un trabajo para hombres, dejar el pensamiento de que no podemos, dejar de pensar que lo haría mejor alguien que cuente con más tiempo, con más experiencia. La respuesta es NO, porque de algo estamos seguras: “SI PODEMOS Y DEBEMOS ATREVERNOS”.


En ese orden de ideas es importante reflexionar sobre los derechos políticos de las mujeres, sobre la equidad e igualdad de los derechos entre hombres y mujeres, y reconocer que estamos en el camino correcto, pero falta mucho por hacer y por convencer.