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Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

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Lentes climáticos

- Costa Rica es un país expuesto a riesgos climáticos de diversa índole.

- Vulnerabilidad se agrava por consecuencias del cambio climático y pocas acciones para mitigar el impacto de estos eventos, acciones como la Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático buscan prevenir las consecuencias negativas


Por MSc. Iván Alonso Delgado

Dirección de Cambio Climático del MINAE

Destruir un territorio. Arrasar sus edificios. Reducir a pedazos o cenizas algo material. Así son los eventos extremos del clima. Asolando campos, pueden devastar a naciones pequeñas como algunos de nuestros vecinos del Caribe insular.


Ante esta realidad, los movimientos juveniles invitan a cuestionarnos ¿qué estamos haciendo con nuestra “Casa Común”? Greta Thunberg, símbolo actual de las manifestaciones por mejores condiciones para la existencia de los seres vivos en el planeta, reconoce que: “Sólo somos niños protestando. No deberíamos estar en esto. Ni sentir que nuestro futuro está amenazado hasta el punto de que tenemos que faltar a clases para luchar…”. ¡Bravo Greta! Desde tu “mirada climática”, podés palpar que aún fabricamos políticas públicas sin los respectivos “lentes o gafas” que nos permitan enfocar las prioridades.


En lo particular, vivo en un país centroamericano, que no tiene responsabilidades históricas, pero quiere ser parte de la solución. Hace muchos años atrás, cuando nadie hablaba de Cambio Climático, con recursos propios, nuestros abuelos y abuelas, apostaron por políticas públicas visionarias y ambiciosas, que hoy nos permiten disfrutar de una cobertura forestal de un 54,2% y más del 90% de nuestra matriz eléctrica basada en energías renovables. Crearon nuestros Parques Nacionales y desde temprano, aprendimos a reconocer un aliado en los servicios ecosistémicos e infraestructura natural que tenemos.


Agradecemos con orgullo, el esfuerzo heredado. Gracias a ellas y ellos, somos un laboratorio verde de buenas prácticas. Quizá por ésta razón, el mundo nos engalana como: “Campeones de la Tierra 2019”. Sin embargo, Greta, la tarea no está completa. Nuestro pequeño país, se encuentra ubicado en una de las zonas del mundo más vulnerables a los efectos del cambio y la variabilidd climática. Sequías (2008) y tormentas (Nate, 2017) afectan la calidad de vida de nuestras comunidades.


Hace un par de años el “World Risk Report Analysis and prospects 2017”, nos ubicó, en el lugar número 5 de los 15 países del mundo más expuestos a eventos naturales y en la septima posición en el ranking de Riesgos. Sin duda, habitamos en un territorio hermoso sujeto a constantes amenazas sismicas y erupsiones de volcanes. Pero son los eventos climáticos los que producen mayores impactos negativos en nuestra Hacienda Pública. El costo anual de reparaciones y reconstrucción de infraestructura afectada por eventos climáticos, pasó de ¢8.903 millones en 1988 a ¢202.681 millones en 2010. Estimamos que la atención a los eventos extremos crecerá entre el 2011 y 2025.


Después de la Tormenta Nate que afectó a 76 de nuestros 82 gobiernos locales, aprendimos que ”el problema está en la tierra, no en el cielo”. La investigación del periodista del semanario universidad, Daniel Salazar, fue reveladora: “La grave crisis que vivió el país, se vio más potenciada por factores humanos que por las propias variables climáticas”.


No se trata de desastres naturales. Después de 10 fallecidos,12.000 albergados y cientos de daños reportados en carreteras y puentes, comprendimos que fue la degradación ambiental y el mal ordenamiento territorial lo que incrementó el riesgos ante eventos de ésta naturaleza. Entendimos que la “resiliencia” de la infraestructura, implica mejorar los diseños y construcciones para garantizar la continuidad de los servicios, la accesibilidad ante emergencias y el bienestar socio-económico del país.


No podemos repitir la triste experiencia del pasado. Por este motivo, cumpliendo con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París, Costa Rica elaboró su primera Política Nacional de Adaptación al Cambio Climático (DE-41091-MINAE) en Abril del 2018. Un marco de entendimiento, que muestra la adaptación como el rostro humano del Cambio Climático. Invita a reducir las abrumadoras condiciones de pobreza que azotan con mayor frecuencia e intensidad a las mujeres, niños/as y adultos más vulnerables de Matina, Upala, Cortés de Osa o Aguirre de Quepos, entre otros.


Tenemos que aprovechar las oportunidades que se presentan. De las tareas de adaptación nadie se exime; desde el sector privado hasta las municipalidades, requieren ajustarse y dar respuestas de forma medible, verificable y reportable. Vale la pena cambiar la forma en que percibimos y nos relacionamos con el mundo. Repensar nuestros hábitos de consumo y producción. Si no invertimos hoy, mañana será más costoso seguir moldeando un desarrollo orientado a la “resiliencia” del ser humano.


Nesitamos fortalecer la nueva toma de decisiones con la mejor información científica disponible. Nos falta mucho por hacer, Greta. Reconocemos tu esfuerzo y tu llamado por un nuevo despertar político. La inacción es suicidio. Si hay un país que te puede acompañar en esta lucha es Costa Rica.