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Diálogos sobre el Bienestar impulsa temas urgentes en la conversación social para entender retos y promover soluciones generadas por el expertís costarricense. DsB es liderado por FLACSO Costa Rica y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.

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Los discursos vinculados con la integración de los inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica

- Condiciones políticas desfavorables e inestabilidad financiera en Nicaragua han ocasionado aumento de solicitudes de refugio hacia Costa Rica.

- Más de 20 mil personas por año han gestionado esta condición.


Por Carlos Camacho Nassar

Los sucesos políticos ocurridos en Nicaragua desde abril de 2018 determinaron que la inmigración hacia Costa Rica por razones económicas se incrementara con solicitantes de refugio político en una cantidad hasta el momento inédita.


En 2018, 23.138 nicaragüenses solicitaron refugio y en 2019 -hasta septiembre- lo habían hecho 21.500 (1). Sin embargo, esto no significa que el número de solicitantes de refugio corresponda a exiliados políticos recientes. Un porcentaje de ellos podría estar constituido por inmigrantes económicos, actualmente ilegales, que aprovecharon la coyuntura política y las facilidades otorgadas a los exilados políticos para regularizar su situación migratoria.


En Costa Rica, más de 300.000 inmigrantes económicos nicaragüenses (2) han regularizado su situación migratoria y se desempeñan en diversos empleos, la mayoría de baja y media calificación, tanto en el trabajo agrícola como en oficios urbanos. Un porcentaje importante envía remesas a su país aunque reside en Costa Rica con parte de su familia.


Esto significa que establece relaciones, no solo laborales, sino también sociales y culturales con la sociedad costarricense mientras mantiene nexos con su origen. Sin embargo, en Costa Rica, sus relaciones con la sociedad envolvente, se caracterizan por la desigualdad y distintos tipos de discriminación, incluyendo el racismo y la xenofobia.


Es así como el exilio político se da en un contexto en el que la ideología dominante en la sociedad de acogida ya ha establecido calificaciones ideológicas respecto a su nacionalidad. La mayoría negativas.


Nicaragua y Costa Rica, una antigua relación, una cultura común


Costa Rica y Nicaragua son dos naciones limítrofes con una historia compartida desde tiempos precolombinos. Ambos territorios fueron el espacio de tránsito entre el sur y el norte del continente; la frontera sur de los pueblos que poblaban la actual Nicaragua penetraban profundamente en Costa Rica. Durante el periodo colonial español, las principales ciudades de la región estaban en Nicaragua y quienes habitaban en Costa Rica hacían sus estudios superiores en León. Un nicaragüense fundó y dirigió la primera universidad de Costa Rica.


El periodo republicano fue también de permanente intercambio entre ambas naciones (comercio, relaciones sociales y familiares). Exiliados políticos de los dos países eran acogidos por sus vecinos que desde allí conspiraban para tumbar su gobierno. En 1955, costarricenses exiliados en Nicaragua intentaron una invasión a su país. En la década de 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tuvo en Costa Rica una de sus bases de operaciones contra la dictadura somocista.


Luego del triunfo del FSLN en 1979, algunos de sus opositores se refugiaron en Costa Rica y desde allí realizaron incursiones armadas contra su gobierno durante la guerra de los Contras. Las consecuencias de esa guerra sobre la economía nicaragüense fueron dramáticas. Gran parte de la economía fue destruida y miles de campesinos, principalmente, se desplazaron dentro del país. Muchos emigraron a Costa Rica.


Las políticas de reversión de la reforma agraria durante los gobiernos posteriores al FSLN agravaron la pobreza rural y con ello, intensificaron la emigración. Pero, al regreso del FSLN al poder, la pobreza continuó expulsando población del país. En 2018, una crisis política de inédita intensidad expulsó opositores políticos hacia Costa Rica.


En ese contexto de presencia de nicaragüenses en todas las regiones del país, se ha construido un mestizaje cultural que incluye una cultura culinaria compartida, música, prácticas religiosas comunes, alianzas familiares y una vida cotidiana en la que los y las nicaragüenses nunca están ausentes. Costarricenses y nicaragüenses comparten fenotipos y códigos vestimentarios, de manera que no hay una diferenciación visual evidente aunque rasgos específicos como el acento permitan distinguir entre una nacionalidad de origen y otra.


Por eso, la integración del exilio político nicaragüense no puede desligarse de la significativa presencia nicaragüense en el país ni de la manera desigual en la que se han integrado a la economía y la sociedad costarricenses. Tampoco de las ideologías de identidad que estigmatizan su nacionalidad, independientemente de los múltiples rasgos compartidos y de la evolución común de ambas identidades en Costa Rica.


La importancia de las ideologías de identidad para la integración


En Costa Rica, la percepción de los nicaragüenses, y de otras nacionalidades, se ha construido desde estereotipos que, en algunos sectores, les han estigmatizado y han construido un entorno apto para la discriminación y la xenofobia. El origen de estos estereotipos (3) radica en las ideologías de identidad que configuraron una costarricanidad” que se definió a sí misma por oposición con el resto de los países centroamericanos.


Mirar a los centroamericanos y, en particular a los nicaragüenses, como provenientes de sociedades “atrasadas”, antidemocráticas, dictatoriales y distintas de la “Suiza centroamericana” (4) generó, desde ya varias décadas, una identidad excluyente y un discurso ideológico discriminatorio cuya expresión es la presencia de actitudes xenofóbicas en la vida cotidiana y en los medios de comunicación. El nicaragüense Quxabel Cárdenas lo describe así:

Los primeros años la xenofobia nos golpeaba, para mí la xenofobia es la mutilación social de las personas que vienen al país, por ejemplo: los jóvenes quieren fingir que son ticos y que los acepten y esto significa rechazar a su madre, a su abuela, renunciar a sus recuerdos, porque en algún momento se les van a salir y entonces se mutilan socialmente. (5)

Por ello, la integración de los nicaragüenses, tanto inmigrantes económicos como exiliados políticos, que, en la práctica son vistos como iguales, constituye un desafío, no solo para ellos, sino para el conjunto de una sociedad cuya ideología de identidad excluye la diferencia.


Pero, aunque la realidad se lee desde la conciencia y esta se configura desde la ideología y los discursos dominantes, la vida de los y las costarricenses incorpora la presencia nicaragüense en todos los ámbitos de la experiencia cotidiana. La integración se enfrenta a la discriminación, una expresión ideológica de la exclusión.


(…) el 29,1% menciona haber sido discriminado por su nacionalidad al llegar al país. Dentro de los tratos discriminatorios que han recibido se destacan: burlas por el acento; acoso a sus hijos e hijas por ser nicaragüenses; maltrato laboral y verbal; malos tratos en centros de salud y oficinas migratorias, entre otros. (6)

A lo largo de la historia común, el exilio político, la migración económica y otras causas de expulsión han determinado que nicaragüenses y costarricenses sean cada vez menos ajenos. De alguna manera, la “otredad” nicaragüense se expresa en estereotipos, en manifestaciones fenoménicas de la cultura, pero, no en un desconocimiento de códigos culturales.

Esto lleva a una pregunta relevante: ¿Son los nicaragüenses un “otro cultural” para los costarricenses?

Parece que no.


Al contrario, se trata de una otredad construida ideológicamente desde una perspectiva nacionalista, racista y xenófoba que ignora la construcción compartida de una identidad supranacional, posiblemente uno de los fenómenos poco estudiados y de mayor importancia para conocer las bases de la construcción identitaria del futuro.


En la práctica, esta situación desemboca en la presencia de cotidianidades distintas en un mismo espacio. En San José, hay una ciudad de los nicaragüenses con una simbólica propia, lugares de reunión, de habitación y de tránsito que responden a una “marginalidad” construida por la exclusión. De alguna manera, en San José, los y las nicaragüenses, se mueven entre los espacios intersticiales de una sociedad que les niega, pero que, a la vez, les necesita como fuerza de trabajo y que, les ha asimilado e integrado en una forma asimétrica.


La cantidad de personas inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica ha ido en aumento a lo largo de las décadas. Esta movilidad ha sido parte de la historia entre ambos países (…) Por ejemplo, en el censo de 1927 se estipulaba que en el país vivían 20.642 nicaragüenses, lo cual correspondía al 4,4% de la población total del país.
Más de treinta años después, en los años de 1960, el número de inmigrantes nicaragüenses era alrededor de los 60.000. En 1997, había cerca de 400.000 nicaragüenses en Costa Rica; es decir, el 12% de la población. El Censo del 2000 detectó aproximadamente 296.000 migrantes documentados de diversos países; o sea, un 7,8%. De este grupo, 226.000 personas eran nicaragüenses, lo que equivalía a un 6% de la población. (7)

En los barrios conviven ambas nacionalidades; en el trabajo agrícola y en las ciudades, costarricenses y nicaragüenses comparten su vida cotidiana. En medio de campañas y expresiones racistas, afirmaciones fortuitas sobre la enemistad entre ambos países desde dirigentes políticos, se ha fortalecido un vínculo antiguo entre identidades que cada día son menos ajenas una de la otra y que evolucionan hacia una identidad común. Ese es uno de los grandes retos hacia el futuro de una sociedad que pensándose homogénea, no puede negar su diversidad cada día más evidente.


¿Qué hacer?


Una sociedad diversa que sustenta su identidad en formas derivadas de un imaginario excluyente se enfrenta cotidianamente a la negación de esa ideología. La pluralidad es cada día más evidente y las antiguas construcciones identitarias solo refieren a un país fabulado que nunca existió, pero, que sigue discriminando. Ese, es posiblemente uno de los mayores obstáculos para la integración de los nicaragüenses en Costa Rica, sin importar las razones de su inmigración.


Una política pública dirigida a reconocer la diversidad como un valor positivo y la identidad común entre ambos países podría ser parte de las estrategias para la prevención de conflictos y expresiones discriminatorias, racistas y xenófobas tan corrientes en la prensa actual y que constituyen un obstáculo mayor para la integración de personas foráneas en el país. Sin embargo, la Política Nacional para una Sociedad Libre de Racismo, Discriminación Racial y Xenofobia, 2014-2025 (8) que se debió haber iniciado en 2015, aún espera su puesta en marcha.





(1) Carlos C. Nassar y Catalina Benavides. El refugio nicaragüense en Costa Rica 2018-2019: Desafíos de su integración. San José, FLACSO. P. 34.

(2) Dirección de Integración y Desarrollo Humano. Plan Nacional de Integración para Costa Rica 2018-2022. San José, Dirección Nacional de Migración y Extranjería, 2017, p. 16.

(3) La reflexión sobre la identidad costarricense tiene una importante producción académica en el país. Por ejemplo: Gaetano Cersosimo. Los estereotipos del costarricense. San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1978; Constantino Láscaris Comneno. El costarricense. San José, EDUCA, 1980; Iván Molina Jiménez. Costarricense por dicha: identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante los siglos XIX y XX. San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995.

(4) Al respecto, ver: Mario Sancho. "Costa Rica Suiza Centroamericana".  En: Eugenio Rodríguez Vega. El pensamiento liberal. San José, Editorial Costa Rica, 1980, pp. 139-149.  Publicado originalmente en 1935.

(5) Testimonio de Quxabel Cárdenas Amador. En: Dirección General de Migración y Extranjería (DGME). Costa Rica: mi nuevo hogar. Historias Nicaragüenses. San José, DGME, Sin fecha, p 12.

(6)TECHO. Censo 2018. Crisis política Nicaragua. Informe censo de personas migrantes en asentamientos populares en San José, a raíz de la crisis sociopolítica en Nicaragua. San José, TECHO, URBARIUM, 2018, p. 29.

(7) Carmen Grace Salazar Salas. “Inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica: barreras y estrategias de negociación para recrearse”. En: Rev. Actual. Investig. Educ vol.13 n.1. San José, Enero-Abril de 2013.

(8) https://tbinternet.ohchr.org/Treaties/CESCR/Shared%20Documents/CRI/INT_CESCR_ADR_CRI_22761_E.pdf