Salud Mental, se habla mucho, se reflexiona poco.

Concepto de salud mental pasa en constante redefinición, pasa tanto por estado de bienestar de las personas como por la ausencia de padecimientos. Por lo tanto, cada persona puede definirle de distintas maneras.


Por Mayra Rodríguez

Asesora Técnica del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica

Licenciada en Psicología, Máster en Manejo de Recursos Naturales con Énfasis en Gestión Ambiental y Máster en Psicología Clínica y de Estudios Grupales.



Una parte importante del quehacer de los profesionales en Salud Mental, es crear conciencia en la población general, acerca de la importancia de conocer sobre la Salud Mental como temática macro, pero, sobre todo, en el ámbito personal y privado, ya que cada persona está llamada a ser la principal gestora de su bienestar.

Iniciemos por algunos puntos básicos:


¿Qué es la salud?


Hace tiempo, desde la Organización Mundial de la Salud, se estableció que La Salud, es mucho más que la ausencia de enfermedad; se trata entonces de una condición, en la cual las personas se encuentran en un completo estado de bienestar, tanto a nivel físico, social y mental.


Entonces ¿qué es la Salud Mental?


Parafraseando a la misma Organización, cabe decir que la Salud Mental, no representa solamente la ausencia de una enfermedad o afección a nivel emocional o mental, sino que es una condición de bienestar, y que por tanto sólo podrá ser definida desde la subjetividad de cada persona.


Vale preguntarse ¿qué es el bienestar?


En el 2017, la Real Academia Española , indicó que la palabra bienestar tiene tres acepciones:

  1. Conjunto de las cosas necesarias para vivir bien.

  2. ida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarla bien y con tranquilidad.

  3. Estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”


En el tercer significado, se retorna el tema de la ausencia de enfermedad, padecimiento, malestar, entre otros; tanto en lo físico, como en lo psíquico.El segundo significado parece enfocarse en posesiones materiales, que procuren comodidad.


El primer significado, habla de cosas necesarias para vivir bien, lo que de nuevo nos remite a la subjetividad, pues solo cada persona, puede dar cuenta de lo que realmente necesita para vivir bien; para algunos será lo que se compra con dinero, para otras lo espiritual, habrá quienes prefieran lo religioso y otras lo etéreo. En pocas palabras para cada quien existe una o varias “cosas”, que le generen tranquilidad, satisfacción y paz interior.


Ahora bien, para efectos de esta breve reflexión, podemos separar la ausencia de Salud Mental en tres líneas:


  • Por un lado, quienes carecen o han perdido la tranquilidad, satisfacción y paz interior, como consecuencia de una afección mental, como podría ser un trastorno de la personalidad; un desequilibrio fisiológico, en el orden de  problemas de neurotransmisores (serotonina, dopamina, norepinefrina), que causan cuadros de depresión, ansiedad, entre otros; de la experimentación de un suceso traumático o particularmente impactante para la persona, cómo podría ser una separación, una pérdida, un abuso o violación sexual, etc.

  • Por otro lado, podemos ubicar a quienes carecen de tranquilidad, satisfacción y paz interior, como efecto de una historia personal, que les marcó de determinada manera; o bien de haber aprendido a interpretar los hechos de la vida, de forma errada y claro de percibirse a sí mismos, a los otros y al entorno, de manera desfavorable.

  • Y finalmente, estarían las personas que, carecen o han perdido la tranquilidad, satisfacción y paz interior, porque han elegido un estilo de vida, cargado de la necesidad de “cosas” para vivir bien, imposibles de conseguir, irrelevantes o sencillamente innecesarias.


Toca hacer consciencia de que los trastornos de la personalidad, así como los desequilibrios fisiológicos, son condiciones que pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su género, raza, situación socio-económica, por mencionar algunos.


Si bien no se conoce con certeza la causa de los problemas mencionados en el párrafo anterior, se tiene la sospecha de que es producto de la confluencia de factores genéticos, sociales y ambientales. Lo que sí está definitivamente claro, es que dichos problemas, para nada se relacionan con incapacidad, falta de voluntad, u otros.


En cuanto a experimentar una situación traumática o fuertemente impactante, igual le puede pasar a todas las personas, y no necesariamente se relaciona con falta de prevención, auto protección o cobardía.


Es importante tener claro, que nadie es responsable de la historia que le tocó vivir en la infancia, de haber tenido que enfrentar carencias, maltratos y otras situaciones ingratas; tampoco así de haber crecido en un contexto que le enseñó a ver “el vaso medio vacío, en lugar de medio lleno”, de haber aprendido a percibir al entorno y a las demás personas como agentes adversos. También es importante que las personas comprendan que, en muchas ocasiones, no basta con querer cambiar y que se necesita una guía para hacerlo.


En función de mejorar o recuperar la salud mental, en las condiciones o situaciones mencionadas en párrafos previos; se requiere que la persona que enfrenta el inconveniente, tome conciencia de que el hacerse acompañar de un profesional de la salud mental, no es un acto de debilidad, sino que, por el contrario, es una acción de valentía y la manifestación de la fortaleza, que se requiere, para reconocer que se necesitan del apoyo de un experto en psicología.


Ahora, enfoquémonos en las personas que tienen más participación y protagonismo, tanto en la generación del problema, como en la producción de la solución.


Hablo de las personas, que ven sacrificada su tranquilidad, satisfacción y paz interior, como producto de haber perdido el contacto con la esencia de sí mismos, con lo verdaderamente importante, con sus propios valores. Me refiero a esas personas, que viven en un estado de “malestar”, pues se la pasan comparándose con los otros y en constante mortificación, pues siempre hay alguien, “más joven”, “más delgado”, “con más dinero”, “más inteligente”, más y más y más…..en fin, “más feliz”


A esas personas, las invito también a buscar ayuda psicológica, a emprender un proceso de transformación y darle un giro a su vida, a volver a sus raíces, a mirar con el alma y experimentar con cada sentido, a librarse de ataduras, a respirar aire puro, a entrar en contacto con la naturaleza y con su propia naturaleza, a ser libre, a soñar, a amar, sencillamente a vivir de verdad.






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