Suicidio, manifestación del malestar social

- El suicidio es un fenómeno multicausal y constituye un problema social.

- La tasa nacional de suicidio pasó de 6,4 en el 2017 a 7,2 por cada 100 mil personas en el 2018.


Por Monserrat Cordero Parra



A menudo se piensa que una enfermedad mental tiene su origen solamente en la predisposición genética; sin embargo, son un cóctel entre los genes y las condiciones del entorno como la pobreza, el estrés, la seguridad, el desempleo, violencia familiar, catástrofes naturales, nutrición, entre otros. Todo esto -en el peor de los casos- podría incluso dar pie a que los pacientes terminen con su vida.


La tasa nacional de suicidio pasó de 6,4 en el 2017 a 7,2 por cada 100 mil personas en el 2018; no obstante, según el informe “Mortalidad por suicidio en las Américas” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el país solo se reporta la tercera parte de los casos de suicidio.


“Lo fundamental para entender el suicidio desde un enfoque psicosocial, es a partir de que el suicidio no es una enfermedad, no es sinónimo de depresión; es un fenómeno multicausal y constituye un problema social, donde la persona materializa el sufrimiento de un sistema social”, aseguró la psicóloga e investigadora de la Universidad de Costa Rica, Helga Arroyo.


Las estadísticas sobre suicidio en los cantones varían; mientras unos salen a flote, otros suman más personas a esta lista que parece no disiparse por completo.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), durante el 2018 el cantón que presentó la tasa de suicidios más elevada fue El Guarco de Cartago, el cual pasó de una tasa de 4,4 personas por cada 100 mil en el 2017 (dos suicidios consumados) a 24,2 (11 suicidios consumados) en el 2018.


A este cantón le sigue Montes de Oro en Puntarenas cuya tasa de suicidio pasó de 7,2 personas por cada 100 mil en el 2017 (1 suicidio consumado) a 21,4 (3 suicidios consumados) en el 2018.


El suicidio ocurre en el 85% de los casos en personas que tienen depresión. Para combatir el suicidio tenemos que combatir la depresión porque es un porcentaje importante. Entonces que tanto se deprime o no una persona en una comunidad va a depender de la predisposición genética que tenga y los factores del entorno que van a contribuir más a ello”, aseguró el psiquiatra, Javier Contreras.


“Dentro de eso, la pobreza es un factor importante porque conlleva violencia doméstica, negligencia infantil, abusos sexuales, entre otros. Básicamente, la pobreza hace que las personas tengan más riesgo de que una persona tenga una enfermedad mental”, agregó.


Prevención y atención


Para Contreras, el principal factor atañe responsabilidad a políticas públicas, pues considera que es el Estado quien debe darle una mejor calidad de vida a los ciudadanos, lo que se traduce en reducir la pobreza del país y mejorar el acceso a la salud pública.


“En la Política Nacional de Salud Mental [lanzada por el Ministerio de Salud para el periodo 2012-2021] se habla acerca del acceso a los servicios de salud. Parece obvio pero no es así. Se tiran la pelota entre el Ministerio de Salud que casi no hace nada en cuanto a salud mental y la Caja que lo que hace es solamente atención. No hace ni promoción ni prevención”, destacó el psiquiatra.


Contreras criticó también que a diferencia de otras enfermedades, en salud mental solamente se da atención, la cual no se realiza de forma completa (esto incluiría psicoterapia y medicamentos); pues los psiquiatras “solo recetan pastillas”.


Aunado a las políticas públicas, señaló la importancia de promover cambios en hábitos como el ejercicio físico, pues este aumenta la liberación de sustancias llamadas endorfinas que funcionan como antidepresivos naturales.


Para el psiquiatra, “en medio de esta sociedad moderna y caótica”, es necesario que las personas también adquieran técnicas de relajación. “La recomendación de la OMS es hacer actividades que lo mantengan en el presente. Por eso la meditación, la psicoterapia y otros son importantes”.


Salud mental comunitaria: Talamanca


En el año 2014, en el cantón de Talamanca ubicado en la provincia de Limón, se estableció una declaratoria de emergencia cantonal por la problemática de suicidio en la población joven. El reporte fue de 47 intentos de suicidio y 11 casos consumados, según datos del INEC.


Del total de intentos, 22 corresponden a personas de territorio indígena Bribri; mientras que, del total de suicidios consumados, 6 correspondían a personas habitantes de dicho territorio.

Además, del total de suicidios, el 90% correspondían a personas menores de 35 años; y el 27% eran menores de edad.


Talamanca es el penúltimo cantón en índice de desarrollo humano y el último en desarrollo social. El 46% de la población se encuentra en condiciones de pobreza. En todo este contexto de exclusión, a la fecha, no hay profesionales de psicología en las áreas de salud; es decir, hay una declaratoria de emergencia y no hay quien atienda la emergencia”, criticó la psicóloga, Helga Arroyo.





¿A qué se debe la alta tasa de suicidios en Talamanca?


De acuerdo con Arroyo, los factores incidentes del suicidio en el territorio indígena están vinculados con el trauma psicosocial a procesos de intensa violencia política, social, cultural y económica. En el caso de los bribris, esta violencia ha dado paso al acto suicida.


Los procesos de colonización han generado aculturación y un debilitamiento de lo identitario y lo que se dice ser. Otra cosa que logramos detectar es que ahora hay otra forma de violencia que se gesta a través del recurso tecnológico y la globalización porque hay mucha información fluyendo muy rápido”, aseguró.


“También concluimos que el vínculo y el fortalecimiento de lo cultural son los dos factores de protección por excelencia en el suicidio porque lo cultural tiene que ver con lo identitario y esto con lo que se dice ser”, añadió.


Casitas de Escucha


Como respuesta preventiva ante los altos niveles de incidencia del suicidio en esta región, en el 2017 nació el Programa Casitas de Escucha, con el apoyo de la Fundación Fundamentes y la asesoría técnica del Hospital Psiquiátrico.

Según la psicóloga y fundadora de las primeras Casitas de Escucha, Laura Chacón, estos son espacios locales que nacieron con el objetivo de prevenir violencia, drogadicción e implementar la salud mental en las comunidades.


“Un niño que crece con violencia, realmente es un niño que sufre posibilidad de reproducir esa violencia o quedarse coartado en su posibilidad de creación, crecimiento, desarrollo intelectual y vincular”, aseguró Chacón.

Para Chacón, el enfoque comunitario ayuda a prevenir el suicidio, pues mejora el lazo social para que no sea condición de destrucción.


¿Cuáles fueron las acciones que se realizaron en Talamanca para disminuir la tasa de suicidios? Desde el 2017, se les ha brindado a los menores de edad un abordaje integral a través del acompañamiento psicológico, el arte como vía de creación y el apoyo educativo.


Actualmente, el programa atiende en Limón y Talamanca a más de 600 personas menores de edad en alto riesgo psicosocial.

Los esfuerzos en Talamanca provocaron una reducción importante en la tasa de suicidios al pasar de 31.4 por cada 100 mil habitantes en el 2014 (12 suicidios consumados) a 12.0 (5 suicidios consumados) en el 2018.


La labor preventiva del programa en coordinación con la acción comunitaria e interinstitucional, hizo al cantón acreedor del Premio Nacional por el Mejoramiento de la Calidad de Vida en el 2018, otorgado por la Defensoría de los Habitantes, Conare y las cinco universidades públicas.


Actualmente existen 13 casitas de Escucha en Limón, Talamanca, Pavas, La Carpio, Hatillo y Alajuelita que atienden a alrededor de 1.500 personas entre los 3 y 18 años.

Entre los logros del programa, Chacón destacó también la disminución del embarazo adolescente en el distrito de Pavas.


Política Nacional de Salud Mental


El Ministerio de Salud presentó la Política Nacional de Salud Mental 2012-2021, la cual tiene como objetivo establecer un marco normativo técnico para conducir a los actores sociales hacia la promoción de la Salud Mental, prevención de enfermedades, atención, curación y rehabilitación de personas con trastornos mentales en el ámbito comunitario.


“La Política Nacional de Salud Mental se estructura con base en cinco ejes: biológico, ambiental, social-económico-cultural, sistemas y servicios de salud, y fortalecimiento institucional. Con todos estos elementos, la Política aspira a que, en Costa Rica, se le otorgue a la Salud Mental la prioridad necesaria en los modelos de atención en salud, haciendo énfasis en la atención en la comunidad”, se lee en la Política.


¿Ha sido eficaz esta política? A finales del 2018, la Contraloría General de la República (CGR) en el Informe de Auditoría de carácter especial acerca de la rectoría del Ministerio de Salud, en cuanto a las acciones de política pública vinculadas con el abordaje de la “salud mental”, destacó serios problemas en referencia a la Política Nacional de Salud Mental 2012-2021.


La Contraloría señaló que al 31 de agosto del 2018, las metas contenidas en el Plan de Acción de la Política Nacional de Salud Mental 2012-2021 propuesto por el país tienen un 27,97% de implementación. De los 42 aspectos evaluados, el 4,44% se encuentran implementados, el 53,33% está en ejecución y el 42,22% están solamente definidos en el Plan de Acción de la política.


Asimismo, este Plan de Acción, no ha alcanzado la implementación total prevista en el cronograma de ejecución para el primer trienio, ni la evaluación y el seguimiento de las acciones programadas durante el I y II trienio.

A esto se suma que tan solo existe un 57% de correspondencia entre las acciones contempladas en dicho Plan de Acción y el emitido por la OMS para el período 2013-2020.


El ente contralor determinó también que para el período 2014-2016, el Ministerio de Salud, por medio de la Secretaría Técnica de Salud Mental, ha realizado iniciativas de abordaje del suicidio solamente en un 18,75% de los cantones pertenecientes al quintil con la tasa de mortalidad acumulada más alta, entre ellos Hojancha, Talamanca y Dota. Asimismo, en el 8,64% del total de cantones se ha efectuado algún tipo de iniciativa para el abordaje de estos eventos.


Por otra parte, el Ministerio de Salud (Secretaría Técnica de Salud Mental y el Consejo Nacional de Salud Mental), no ha impulsado el desarrollo de investigaciones en el tema de salud mental, y se carece de una metodología para realizar un diagnóstico actualizado y oportuno de la realidad nacional, que permita mejorar las intervenciones en esta temática.


En cuanto a los recursos financieros, la Contraloría señaló que solo un 19,50% de los recursos asignados para programas y actividades de promoción y prevención en salud mental, fueron invertidos por la Secretaría Técnica de Salud Mental del Ministerio de Salud durante el periodo 2014 al 2018, lo que representa a la fecha un monto ejecutado de 128,9 millones de los 433,8 millones asignados por el Fideicomiso 872-MS-CTAMS-BNCR.

Durante el período 2014-2017, la Secretaría no recibió la totalidad de los recursos establecidos por la Ley N° 8.718, por un monto de ¢89 millones.


En conclusión, el Ministerio de Salud no le ha dado total cumplimiento a sus competencias vinculadas con la prevención y promoción de la Salud Mental, y en la gestión de recursos financieros.



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